llego a las 12 de la noche a casa, cansado, y lo último en que pienso es en meterme ante el ordenata a arreglarlo, pero no me olvido.
Intentaré esta noche. Pero no puedo asegurar nada, cada día me lo digo. Ya se que lo mío no tiene nombre y se me debería caer la cara de verguenza y tal y tal, pero ya veréis como lo acabo.
Si alguien ve que él le podría dedicar el tiempo y tiene ganas, que me lo diga, que...
... que así me espabilo para que nadie me quite los tronos.
Parezco el puto perro del hortelano, que ni como ni dejo comer.
Este es un mundo de estúpidos, controlados por imbéciles, para beneficio de mediocres.
[...] se vio tragado por la boca de una decadencia larga y serpenteante, de la que no volvería a salir hasta que, al final mismo de sus días, se enamoró por fin de su mujer.