"desde Pontevedra a la Costa Brava, desde el País Vasco a Cádiz, los españoles de todas las épocas hemos celebrado nuestras fiestas y las grandes ocasiones con corridas de toros". Y esa "realidad indiscutible", apostilla, "los que quieren separarse de España no la pueden soportar", por ello defiende que "no hay que tener miedo".
Es entonces cuando un asturiano se levanta de la tumba y comenta como quien no quiere la cosa
Es por cierto muy digno de admiración que este punto se haya presentado a la discusión como un problema difícil de resolver. La lucha de toros no ha sido jamás una diversión ni cotidiana, ni muy frecuentada, ni de todos los pueblos de España, ni generalmente buscada y aplaudida. En muchas provincias no se conoció jamás, en otras se circunscribió a las capitales y donde quiera que fueron celebradas, lo fue solamente a largos períodos y concurriendo a verla el pueblo de las capitales y de tal cual aldea circunvecina. Se puede, por tanto, calcular que de todo el pueblo de España apenas la centésima parte habrá visto alguna vez este espectáculo. ¿Cómo, pues, se ha pretendido darle el título de diversión nacional?
Gaspar Melchor de Jovellanos, Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España, 1790
Lo condenaron a destierro.