En otro orden de cosas, estos días estuve viendo -plan enfermo total- partidos del europeo femenino, y Ejpaña sin Valdemoro es muchísimo mejor equipo. Nada del otro mundo, pero juegan a algo. Decir que también vi esos partidos para fijarme en mi amiga Tamara, a la que ya le presenté a Dunker y Mayhem en cierta ocasión.
Normalmente las jugadores de basket suelen ser tirando a machorras con rasgos caballunos que tiran por tierra cualquier pretensión coital. Y luego está la amiga Tamara.
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Para ponernos en situación sobre el impacto de esta joven en el medio baloncestístico, valga una anécdota verídica donde quedará claro que las jugadoras de basket son lo puto peor.
Tras una noche con la bragueta apretada de tanto amor cautivo, se me presenta la ocasión de llevar al hotel a una jugadora de básket. Era un campeonato de selecciones y allí toda la carne estaba mezclada sin etiquetar; ella había campeonado con su equipo y tal, así que estaba medio borracha y me chillaba continuamente lo muy caliente que estaba mientras se tiraba los cubatas por encima. Yo estaba jodido por haber perdido y más aún por no haber conseguido una hembra de verdad para poder bautizar aquellas sábanas tan limpias.
El caso es que por primera vez en mucho tiempo me podía llevar a una chica sin delinquir e incluso sin tener que pagar por el uso de sus oquedades corporales.
Todo parecía muy fácil y sin embargo esc-citante, ¿no?. Pues no.
No relataré todos los detalles, no por pudor sino por miedo. Aún hoy lo recuerdo y lloro de puro acojone. Valga decir que tenía musculada hasta la vagina, que me buscaba el culo para poder... -está siendo verdaderamente duro relatar esto - ....forzarme, que yo me resistí intentando ganar la posición dominante, pero ella me contestó golpeándome la cara a lo cual yo repuse ferozmente escupiéndole sangre. Después de medio ahogarme entre sus pectorales, quedé casi inconsciente y sólo recuerdo como al acabar conmigo, me dio dos palmaditas en el culo antes de vestirse. Esas típicas palmaditas que dan los entrenadores a sus pupilas. Dos negrones como raperos del Bronx tenía al día siguiente en mis rosadas cachas.
Vaya, que creo que ese día me hicieron el amor. Es decir, ella a mí. O sea, humillación y heces.
Conclusión: nunca te lo hagas con una jugadora. Yo diría más, llegado el caso nunca más te lo hagas con una mujer. Es mejor hacerte con una gallina y unas cervezas y jinetear con el ave. Al menos con la gallina, si se te da mal le puedes romper el cuello y hacerte un caldo (con una mujer basquetbolista también, pero hoy día está peor visto por los machistos con ministerio)
Esa es mi conclusión para con las mujeres jugadoras de baloncesto, o lo era hasta conocer a esta chica.
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Y ya.