Prosa pubértica.
- PrimeroDerecha
- Imán
- Mensajes: 2280
- Registrado: 10 Oct 2007 22:11
Re: Prosa pubértica.
Me parece muy bien. es razonable, equilibrado y justo. Además, nadie ha pedido lo contrario, ni nadie ha dado un rendido aplauso a Shiz. Simplemente se le ha incitado a que siga, a ver si llegamos a la escena lésbico-cimbalística.
Pero con lo de Lucia Etxebarría te has pasado.
Pero con lo de Lucia Etxebarría te has pasado.
No todo va a ser follar
- The last samurai
- Ulema
- Mensajes: 10106
- Registrado: 10 Ene 2004 13:20
Re: Prosa pubértica.
Pero Gandalfini, si a nosotros nos importa una poca mierda la calidad literaria de los relatos de Shiz. Lo que queremos es que siga produciendo texto, con lo que aumenta la probabilidad de que intercale alguna de sus fotos sepsis escondidas tras alguna palabra. Y si el tema sobre el que escribe gira en torno a dos jovenzuelas tias wenas como diosas y tijeritas, quizá la foto ilustrase gráficamente parte de la acción.
Que de sueños también se vive. Y tú nos los has matao, Gandalfini.
Cabrón...
OH GOD, IT'S KILLING ME...
Que de sueños también se vive. Y tú nos los has matao, Gandalfini.
Cabrón...
OH GOD, IT'S KILLING ME...
Re: Prosa pubértica.
The last samurai escribió:Pero Gandalfini, si a nosotros nos importa una poca mierda la calidad literaria de los relatos de Shiz. Lo que queremos es que siga produciendo texto, con lo que aumenta la probabilidad de que intercale alguna de sus fotos sepsis escondidas tras alguna palabra. Y si el tema sobre el que escribe gira en torno a dos jovenzuelas tias wenas como diosas y tijeritas, quizá la foto ilustrase gráficamente parte de la acción.
Sabías que con esto ibas a conseguir el efecto contrario. Eras consciente. Pese a ello no has podido callarlo. Has sacrificado posibles futuras fotos por chiste presente.
Re: Prosa pubértica.
Lo que yo pretendía en realidad es que toda la manada se echara sobre ti. Estaba consiguiéndolo casi al final pero no acaba la cosa de cuajar y tú te empiezas a poner nacionalista, ergo ya no es divertido. Y soy de las que piensan que siempre será mejor una mala crítica que la indiferencia así que, gracias.Gandalfini escribió:Llego a ser yo el que pone imágenes de pollitos y niños cabreados porque alguien le dice que "ni fu ni fa" a algo que he escrito y no tengo a toda la manada detrás haciendome cariñitos.
Desou desu.
- Nicotin
- Manuel Fraga Iribarne
- Mensajes: 12343
- Registrado: 25 Feb 2003 13:25
- Ubicación: ...ale ...pira.
- Contactar:
Re: Prosa pubértica.
Última edición por Nicotin el 09 Feb 2009 20:21, editado 1 vez en total.
The bigger the headache, the bigger the pill. Call me the big pill.
- Gandalfini
- Mulá
- Mensajes: 1008
- Registrado: 24 Dic 2008 18:12
- Ubicación: Un autocine.
Re: Prosa pubértica.
Shiz escribió:Lo que yo pretendía en realidad es que toda la manada se echara sobre ti. Estaba consiguiéndolo casi al final pero no acaba la cosa de cuajar y tú te empiezas a poner nacionalista, ergo ya no es divertido. Y soy de las que piensan que siempre será mejor una mala crítica que la indiferencia así que, gracias.Gandalfini escribió:Llego a ser yo el que pone imágenes de pollitos y niños cabreados porque alguien le dice que "ni fu ni fa" a algo que he escrito y no tengo a toda la manada detrás haciendome cariñitos.
De nada, bruja.
Fulanita escribió:Pues no se, chico. Será que eres muy heterosexual, o que de hombres no tienes ni puta idea. Tómatelo como un cumplido.
(x^2+y^2-1)^3-x^2y^3=0
- Redneckensson
- Imán
- Mensajes: 1547
- Registrado: 25 Sep 2008 08:51
- Ubicación: Preferentemente tumbado
Re: Prosa pubértica.
The pervert gentleman
Re: Prosa pubértica.
La foto es grandiosa, las fotos de niños suelen crear carcajadas de las más auténticas como aquel video/gif del niño en el tunel.
Esta no es de niños, pero casi y tambien me partí la caja.

Esta no es de niños, pero casi y tambien me partí la caja.

Re: Prosa pubértica.
Abro los ojos y por primera vez en mi quinto día de tortuosa humanidad, sonrío.
No sé cuántas horas he debido dormir. Entumecida y con una desagradable sensación pegajosa me desperezo, como intentando expandir por completo mi piel después de una metamorfosis de la que empiezo a ser consciente y partícipe: he pasado de ser una indolente capulla a una inefablemente frágil, fútil y flexible mariposa.
Me ensordece el silencio reinante e inevitablemente pienso que mis vecinos deben padecer astenia sexual. Trato de concentrarme en todas las estridencias que deberían haberme despertado, pero sólo percibo el eco solemne de mis pensamientos. La posibilidad de que Zeus me haya insonorizado el apartamento por compasión es algo que descarto de inmediato; es más factible que me haya dejado sorda con la excusa de que descanse para sumarle dificultades a mi mortalidad y darle así un toque épico.
- Los tapones, Hera. Quítate los tapones -oigo al fin.
Imaginar a mi incorpóreo vigilante regodeándose en la simpleza de mis inquietudes mentales me enfurece; me sosiega recuperar la audición y recordar que ya tengo una amiga.
Molly ha organizado una cena en su apartamento para presentarme en sociedad. Ante mi negativa aludiendo que no tenía qué ponerme dijo que sería algo íntimo e informal y que debía buscar excusas un poco menos humanas para no asistir. Inmediatamente después se brindó a asesorarme para, según ella, ser la estrella de la noche.
[08/02/2.009]
Empapada aún de la ducha y provista de una toalla, salgo a toda prisa al oír el timbre de la puerta. Molly amenaza con ser mi estilista; es puntual y todavía más terca que yo.
- Desnúdate, Hera.
- ¿Perdón?
Sin mediar palabra me despojó de la toalla de un tirón y quedé desnuda frente a ella. Molly me observaba con una minuciosidad que empezó a incomodarme; bajó a su casa y volvió a subir con un recipiente lleno de una extraña pasta que puso a calentar en el fuego mientras me pedía que me tumbara en el sofá y me relajara.
- Separa los muslos. Esas ingles no son de este mundo -bromeó.
- ¡¡¡¡Por Zeus!!!!
Después de lo que me pareció toda una eternidad, Molly dio por concluida la sesión de inhumana tortura. Dolorida, escaldada y con los ojos encharcados fijos en los suyos, sentí que la sangre hervía en mis venas; ella, indiferente a mi ira, empapaba sus manos en aceite perfumado. Sin apartar la mirada, como deseando presenciar el desbordamiento de mis ojos, empezó a acariciarme los muslos; recorría con sus pequeños y resbaladizos dedos cada rincón enrojecido de piel, insistiendo según notaba que relajaba la expresión y tensaba los músculos. Cerré los ojos; junto al lento rodar de las lágrimas sienes abajo me abandoné a sus caricias. Casi había olvidado esa sensación que provoca que me estremezca erizándome hasta el alma; la impertinente presión bajo el ombligo, la tibia humedad de mi sexo henchido y palpitante. El deseo ...
- ¡¡No!! -grité librándome de Molly con un respingo.
- A las diez en punto de la noche te quiero en casa -dijo despidiéndose.
Mientras me vestía para la ocasión siguiendo los consejos de mi lasciva vecina, recapitulaba instrucciones y me hacía una composición de la situación según los personajes a los que me iba a enfrentar en mi primera aparición pública. Molly había invitado a Ricardo, nuestro casero; según ella porque pese a sus malos modales y su frialdad, siempre había estado a su lado en las situaciones difíciles. Yo estaba segura de que a él le encantaba impregnarse del color miel de su mirada y que se derretía con el dulce tintineo de su risa. Molly lo intuía, pero lo negaba airadamente. También estarán mis promiscuos, lujuriosos y voluptuosos vecinos. Me moría de curiosidad por ponerle imagen a cinco días consecutivos de alaridos desatados y se me ocurrían decenas de preguntas que hacerles, pero debía ser comedida para que no se hicieran una imagen certera de mí.
A la hora convenida hice acto de presencia. Todos estaban ya sentados alrededor de la mesa en animada conversación y enmudecieron al unísono al verme llegar de la mano de la orgullosa anfitriona.
- Esta es Hera -anunció Molly exultante.
- ... Hola -susurré.
- Qué tal, princesa. Soy Diego.
- Reina -rectifiqué automática e inconscientemente.
- Ya os dije que doña mermelada tenía aires de grandeza -apuntó Ricardo.
- Hola Reina, yo soy Sara.
- Hera, siéntate entre Ricardo y Diego y empecemos a cenar -dijo Molly.
Notaba que todas las miradas me horadaban pese a que mantenía los ojos fijos en el plato que tenía ante mí. No sabía si era porque Molly no había guardado mi olímpico secreto y buscaban signos de mi deidad o por la evidencia del bigote recién depilado que me ardía de una manera exageradamente molesta.
- Y bien, Hera, ¿de dónde eres? -preguntó Diego rompiendo el incómodo silencio.
- Griega. Es griega -dijo Molly sin darme tiempo a reaccionar.
- Qué bien, soy especialista en resucitar lenguas muertas.
- Acaban de presentárnosla, Diego. No aprietes -sugirió Sara.
- Apretada ya está -añadió Ricardo-. Por no decir estreñida.
- ¿Qué es …esto? -dije al fin.
- Chirlas -respondió Molly provocando las carcajadas de los demás-. Si las pruebas no querrás comer otra cosa.
Es difícil saberse una Diosa cuando notas que tus supuestos inferiores abusan descaradamente de una situación de manifiesta desigualdad. No conseguía averiguar el significado exacto de sus calculados malentendidos; me sentía como una niña intentando entender la conversación de los mayores y lo peor de todo, es que mi provisional humanidad me impedía poner las cosas en su sitio.
- Chirlas ... -dije pensativamente lanzando una confiada sonrisa hacia Molly para devolver la atención de sus constantes y penetrantes miradas- Sí, quizá vayan a gustarme después de todo.
No sé cuántas horas he debido dormir. Entumecida y con una desagradable sensación pegajosa me desperezo, como intentando expandir por completo mi piel después de una metamorfosis de la que empiezo a ser consciente y partícipe: he pasado de ser una indolente capulla a una inefablemente frágil, fútil y flexible mariposa.
Me ensordece el silencio reinante e inevitablemente pienso que mis vecinos deben padecer astenia sexual. Trato de concentrarme en todas las estridencias que deberían haberme despertado, pero sólo percibo el eco solemne de mis pensamientos. La posibilidad de que Zeus me haya insonorizado el apartamento por compasión es algo que descarto de inmediato; es más factible que me haya dejado sorda con la excusa de que descanse para sumarle dificultades a mi mortalidad y darle así un toque épico.
- Los tapones, Hera. Quítate los tapones -oigo al fin.
Imaginar a mi incorpóreo vigilante regodeándose en la simpleza de mis inquietudes mentales me enfurece; me sosiega recuperar la audición y recordar que ya tengo una amiga.
Molly ha organizado una cena en su apartamento para presentarme en sociedad. Ante mi negativa aludiendo que no tenía qué ponerme dijo que sería algo íntimo e informal y que debía buscar excusas un poco menos humanas para no asistir. Inmediatamente después se brindó a asesorarme para, según ella, ser la estrella de la noche.
[08/02/2.009]
Empapada aún de la ducha y provista de una toalla, salgo a toda prisa al oír el timbre de la puerta. Molly amenaza con ser mi estilista; es puntual y todavía más terca que yo.
- Desnúdate, Hera.
- ¿Perdón?
Sin mediar palabra me despojó de la toalla de un tirón y quedé desnuda frente a ella. Molly me observaba con una minuciosidad que empezó a incomodarme; bajó a su casa y volvió a subir con un recipiente lleno de una extraña pasta que puso a calentar en el fuego mientras me pedía que me tumbara en el sofá y me relajara.
- Separa los muslos. Esas ingles no son de este mundo -bromeó.
- ¡¡¡¡Por Zeus!!!!
Después de lo que me pareció toda una eternidad, Molly dio por concluida la sesión de inhumana tortura. Dolorida, escaldada y con los ojos encharcados fijos en los suyos, sentí que la sangre hervía en mis venas; ella, indiferente a mi ira, empapaba sus manos en aceite perfumado. Sin apartar la mirada, como deseando presenciar el desbordamiento de mis ojos, empezó a acariciarme los muslos; recorría con sus pequeños y resbaladizos dedos cada rincón enrojecido de piel, insistiendo según notaba que relajaba la expresión y tensaba los músculos. Cerré los ojos; junto al lento rodar de las lágrimas sienes abajo me abandoné a sus caricias. Casi había olvidado esa sensación que provoca que me estremezca erizándome hasta el alma; la impertinente presión bajo el ombligo, la tibia humedad de mi sexo henchido y palpitante. El deseo ...
- ¡¡No!! -grité librándome de Molly con un respingo.
- A las diez en punto de la noche te quiero en casa -dijo despidiéndose.
Mientras me vestía para la ocasión siguiendo los consejos de mi lasciva vecina, recapitulaba instrucciones y me hacía una composición de la situación según los personajes a los que me iba a enfrentar en mi primera aparición pública. Molly había invitado a Ricardo, nuestro casero; según ella porque pese a sus malos modales y su frialdad, siempre había estado a su lado en las situaciones difíciles. Yo estaba segura de que a él le encantaba impregnarse del color miel de su mirada y que se derretía con el dulce tintineo de su risa. Molly lo intuía, pero lo negaba airadamente. También estarán mis promiscuos, lujuriosos y voluptuosos vecinos. Me moría de curiosidad por ponerle imagen a cinco días consecutivos de alaridos desatados y se me ocurrían decenas de preguntas que hacerles, pero debía ser comedida para que no se hicieran una imagen certera de mí.
A la hora convenida hice acto de presencia. Todos estaban ya sentados alrededor de la mesa en animada conversación y enmudecieron al unísono al verme llegar de la mano de la orgullosa anfitriona.
- Esta es Hera -anunció Molly exultante.
- ... Hola -susurré.
- Qué tal, princesa. Soy Diego.
- Reina -rectifiqué automática e inconscientemente.
- Ya os dije que doña mermelada tenía aires de grandeza -apuntó Ricardo.
- Hola Reina, yo soy Sara.
- Hera, siéntate entre Ricardo y Diego y empecemos a cenar -dijo Molly.
Notaba que todas las miradas me horadaban pese a que mantenía los ojos fijos en el plato que tenía ante mí. No sabía si era porque Molly no había guardado mi olímpico secreto y buscaban signos de mi deidad o por la evidencia del bigote recién depilado que me ardía de una manera exageradamente molesta.
- Y bien, Hera, ¿de dónde eres? -preguntó Diego rompiendo el incómodo silencio.
- Griega. Es griega -dijo Molly sin darme tiempo a reaccionar.
- Qué bien, soy especialista en resucitar lenguas muertas.
- Acaban de presentárnosla, Diego. No aprietes -sugirió Sara.
- Apretada ya está -añadió Ricardo-. Por no decir estreñida.
- ¿Qué es …esto? -dije al fin.
- Chirlas -respondió Molly provocando las carcajadas de los demás-. Si las pruebas no querrás comer otra cosa.
Es difícil saberse una Diosa cuando notas que tus supuestos inferiores abusan descaradamente de una situación de manifiesta desigualdad. No conseguía averiguar el significado exacto de sus calculados malentendidos; me sentía como una niña intentando entender la conversación de los mayores y lo peor de todo, es que mi provisional humanidad me impedía poner las cosas en su sitio.
- Chirlas ... -dije pensativamente lanzando una confiada sonrisa hacia Molly para devolver la atención de sus constantes y penetrantes miradas- Sí, quizá vayan a gustarme después de todo.
Desou desu.
- Gandalfini
- Mulá
- Mensajes: 1008
- Registrado: 24 Dic 2008 18:12
- Ubicación: Un autocine.
Re: Prosa pubértica.
Me ha hecho gracia. Para bien. Lo que pasa es que, por costumbre y por lavado de cerebro yo encuadraría más en el personaje de Hera no a una diosa sino a una extraterrestre, porque me extraña un poco que tenga tan poca idea del mundo mortal. Vale, es reina, se la sudan sus inferiores pero en algo tendría que gastar sus tiempos de ocio eterno y qué mejor que observando la vida y mundo de los mortales.
Y más gracia me hace cómo juegas con tu público.
Y más gracia me hace cómo juegas con tu público.
Fulanita escribió:Pues no se, chico. Será que eres muy heterosexual, o que de hombres no tienes ni puta idea. Tómatelo como un cumplido.
(x^2+y^2-1)^3-x^2y^3=0