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Fischer da para un tratado de psicología y una tesis de psiquiatría de propina. No es que fuera agresivo, es que se dejaba cegar por el instinto asesino. Quería ganar siempre y continuaba posiciones de tablas obvias que nadie más hubiera seguido jugando, una costumbre que le dio más de una victoria inesperada. Una vez incluso llegó a hacer un par de jugadas cuando sólo quedaban los dos reyes sobre el tablero. Para él el ajedrez era la vida, y a un talento enorme se le sumaba un trabajo incansable. Según los propios jugadores soviéticos, el tipo le dedicaba más horas que los dos o tres mejores jugadores de la escuela soviética. Enfermizo y huraño por su obsesión con el juego.
Capablanca era todo lo contrario. Era puro talento y se cree que no jugaba mejor porque pasaba demasiado tiempo haciendo de Casanova y de vividor. Curiosamente, se le considera uno de los mejores finalistas de la historia.
Los finales son la fase más "estudiable" del ajedrez, e incluso hay programas capaces de decir con un 100% de eficacia si un final con 5 piezas en el tablero se gana o se pierde jugando perfectamente. En realidad, si un jugador novato se quiere dedicar a estudiar, es más fácil que destaque en los finales que en el medio juego por su estructura más lineal.