"Así soy realmente: maligno, borracho, pero lúcido". Con esta cita del autor, Joseph Roth, da comienzo la que sería su obra póstuma: "La Leyenda del Santo Bebedor". Destacaría varias cosas y, la única negativa, se la llevaría el petulante prólogo de Carlos Barral; más preocupado por dejar claro que forma parte de ese selecto grupo capaz de apreciar las virtudes del alcohol que de abrirnos paso a la lectura principal. La novela, narrada de forma brillante y sencilla, se desarrolla en París -Hitler ya haciendo de las suyas en Alemania- y su protagonista, Andreas Kartak, sobrevive bajo los puentes del Sena gracias a la caridad. Una tarde topa con un caballero que le pide un extraño favor ofreciéndole doscientos francos a cambio. Desde ese instante arranca lo que podría considerarse una metáfora existencialista; una parábola en la que el azar y el destino coquetean con lo espiritual para, sin piedad alguna, acabar abofeteado por la realidad.
¿Es posible que un fracasado se redima?
Personalmente creo que no aunque lo verdaderamente divertido es, simplemente, intentarlo.
Desou desu.